Resultados

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RESUMEN DE LOS RESULTADOS

 

Una paulatina diferenciación entre los pueblos a ambos lados de la frontera: Actualmente, en Gibraltar, no es difícil encontrar a alguien que diga “somos biológicamente distintos” o el español es otro tipo de animal”; sin embargo, en el pasado era casi imposible distinguir entre un español y un gibraltareño. Hasta bien entrado el siglo XX, La Línea de la Concepción, que funcionaba como el barrio obrero de Gibraltar, compartía lengua, cultura (música, comida, etc.) y estrechos lazos de parentesco con los habitantes del Peñón. Si bien varios entrevistados señalan que en aquel entonces ya había disparidades económicas (los españoles eran más pobres) y políticas (en España se carecía de seguridad y Gibraltar era una colonia militarizada), rara vez citan aspectos culturales o nacionalistas. Como afirma uno de nuestros entrevistados: “En aquella época no había tiempo para pensar en esas cosas”. Ahora bien, después de la Segunda Guerra Mundial, comenzó un proceso de diferenciación entre ambas comunidades que coincidió tanto con la aproximación de Gibraltar a la cultura británica como con las restricciones fronterizas impuestas por Franco.

La tolerancia religiosa y el respeto a la diversidad cultural son elementos clave del discurso nacional gibraltareño: La identidad nacional gibraltareña fue construida en oposición al franquismo. En ese proceso, la defensa de valores como la tolerancia y el respeto a la diversidad cultural ocuparon un lugar central, ya que, mientras Gibraltar fue dotándose de instituciones democráticas en la segunda mitad del siglo XX, España estuvo bajo una dictadura totalitaria hasta el último cuarto de esa centuria. Todavía hoy y a pesar de los cambios políticos, nuestros entrevistados suelen citar la tolerancia religiosa y la diversidad étnica de Gibraltar para diferenciarse de los españoles. Sin embargo, algunos entrevistados han puesto de manifiesto que la discriminación étnica caracterizó la estructura social y el gobierno colonial de Gibraltar a lo largo del siglo XX.

Progresiva desaparición de la lengua española en Gibraltar: Gibraltar ha experimentado un cambio lingüístico importante durante el siglo XX. A principios de la pasada centuria, el español era la lengua más hablada en este pequeño enclave mediterráneo, donde incluso había varios periódicos en español, tales como El Anunciador o El Calpense. Tras la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, el inglés ha ido imponiéndose, entre otras cosas, gracias a que es la lengua vehicular en el sistema educativo gibraltareño, a la televisión vía satélite y al descenso de matrimonios entre españoles y gibraltareños. Al igual que sucedió en otras posesiones del imperio británico, la lengua de los colonizadores fue adquiriendo prestigio entre los gibraltareños porque, además de permitir una mayor identificación con el Reino Unido, daba acceso a posiciones sociales preeminentes y a puestos en la administración. Aunque una gran parte de la población del Peñón es todavía bilingüe (inglés-español) y recurre frecuentemente al “llanito” – un dialecto local que alterna ambas lenguas con la inclusión de localismos –, hoy en día, la mayoría de los jóvenes gibraltareños es básicamente monolingüe en inglés. Muchos entrevistados de mediana y avanzada edad señalan que, aunque con sus parejas hablan en español, siempre se dirigen a sus hijos y nietos en inglés. Sin duda, el aprendizaje del español en Gibraltar está condicionado por cuestiones políticas, que, por ejemplo, determinaron el cierre de la sede que el Instituto Cervantes tenía en el Peñón, a pesar del gran número de alumnos que cursaban español en dicho establecimiento. Más aún, el español en Gibraltar presenta numerosas peculiaridades locales, arcaísmos y construcciones poco normativas que llevan a los hablantes a limitar su uso al ámbito coloquial y privado. En general, los gibraltareños lamentan la pérdida del español y la mala calidad del mismo en Gibraltar, pero no se empeñan en hablar a sus hijos en este idioma. “Es que no me sale” – como nos comentaba una abuela. En definitiva, en Gibraltar hay una fuerte ambivalencia – sino actitudes contradictorias – respecto al español.

Una diferencia generacional a la hora de expresar la identidad étnica: Mientras que los entrevistados de mayor edad destacaron la existencia de una indentidad británica que había sido forjada a través de la experiencia de la evacuación al Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, los de mediana edad suelen expresar una identidad británico-gibraltareña con una relación más compleja con “la britanidad”. En cambio, los más jóvenes normalmente expresan identidades mucho menos nacionalistas y esencialistas, incorporando a menudo a su identidad gibraltareña o británica elementos europeístas, latinos o mediterráneos. Además, estos últimos suelen sentirse más cómodos con la idea de compartir una cultura con España, a pesar de que normalmente tienen más problemas que sus mayores para hablar español.

La imagen que los gibraltareños tienen de España está determinada por un pasado traumático: Franco aún está muy presente en la memoria colectiva de los gibraltareños y este recuerdo hace que la población del Peñón tenga una imagen esencialista de España y de los españoles. Muchos de nuestros entrevistados no olvidan el daño que Franco hizo a sus parientes, a ellos mismos y, en general, al pueblo de Gibraltar. Varios cuentan que, cuando el régimen cerró la frontera, acudían a la verja para comunicarse a gritos con sus familiares del otro lado y que, en esa época, se les impidió ir a España para despedirse de sus seres queridos en el lecho de muerte. Más aún, otros testimonios hablan de parientes asesinados o encarcelados durante la guerra civil española, y de las vejaciones a las que muchos fueron sometidos por los agentes españoles al cruzar la frontera. De ahí que, al mismo tiempo, nuestros entrevistados vean el persistente reclamo del actual gobierno y de otras fuerzas políticas españolas acerca de la soberanía de Gibraltar como una continuidad con el pasado totalitario de España, que, con frecuencia, describen como un país poco democrático, corrupto e intolerante.

Negación de la ascendencia española: Durante la primera mitad del siglo XX, un gran número de los matrimonios que se celebraban en Gibraltar eran entre un hombre gibraltareño y una mujer española. Sin embargo, los procesos políticos que tuvieron lugar en el contexto de la disputa diplomática hispano-británica por la soberanía de Gibraltar – en especial, “la campaña de odio” del franquismo y el cierre de la frontera entre 1969 y 1982 – generaron un sentimiento antiespañol en el Peñón, que, entre otras cosas, ha contribuido a que la ascendencia femenina española sea frecuentemente obviada u ocultada tanto a nivel personal como colectivo. Más aún, en Gibraltar hay un discurso nacional que describe a la población como el resultado de un crisol de razas en el que la aportación de los españoles es minimizada.

La frontera como salvaguardia de la sociedad gibraltareña: El origen de la actual frontera hay que buscarlo en una verja que el ejército británico levantó en 1909. A pesar de este control, muchos gibraltareños y linenses señalan que aquel paso fronterizo era “amorfo” y “poroso” en aquella época, ya que no impedía en lo más mínimo la comunicación entre ambas poblaciones. Sin embargo, todo cambió a partir de la Guerra Civil Española, porque muchos gibraltareños vieron que aquella frontera les proporcionaba seguridad tanto física como económica ante los horrores de aquel conflicto civil y de la posterior dictadura franquista. La situación de la frontera – que permaneció cerrada entre 1969 y 1982 – ha condicionado la vida de los gibraltareños, así como su relación con España. Hoy en día, la frontera es vista como salvaguarda de la situación de privilegio económico y de seguridad que disfrutan los gibraltareños en comparación con sus vecinos del Campo de Gibraltar.